El gato inquieto mira la luna en el silencio de su crónica...
No sabemos si la contempla… o la interroga.
Tal vez la luna le guarda un secreto,
o quizás el secreto lo guarda él.
Entre ánforas que quieren moverse
y ratones que filosofan en la sombra,
El gato emprende su compás nocturno:
pensar… o bailar.
Soñar… o maullar.
Porque cuando la luna lo llama,
hasta los bigotes se vuelven antenas.
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